La Vinotinto de la gente

La Vinotinto de la gente

Volante 8 con la Mente

 

Luis Vilchez Mente

Los malos resultados y los problemas en las oficinas habían fracturado la relación del fanático con la selección nacional. El legado de Richard Paéz y el “Boom Vinotinto”, que más allá de los resultados fue un fenómeno sociológico logró sembrar una semilla. Luego en el ciclo César Farías llegaron partidos que hicieron florecer ese vínculo de la gente con la Vinotinto. Por eso nunca hubo una desconexión total, pero en un pueblo dicharachero, el combinado patrio derivó más en un meme que en un sentimiento de orgullo. Desde el inicio al camino de la Copa del Mundo 2026 esa realidad ha cambiado.

¿Qué son malos resultados? En los dos últimos Premundiales la Vinotinto fue colista. Rumbo a Rusia 2018 sumó 12 puntos y en el camino a Catar solo 10 unidades, ambos en 18 partidos. Hoy con solo cuatro encuentros ya acumula siete puntos. ¿Problemas en las oficinas? El FIFAGate abrió la caja de pandora de una estructura podrida por dentro, en toda CONMEBOL y pegó con fuerza en Venezuela. La salida del caudillo Rafael Esquivel fue un sismo con muchas replicas. ¿Quién no recuerda cuando había más cartas y comunicados que goles marcados? Situaciones como la muerte en ejercicio como presidente de Jesús Berardinelli o la intervención de la FIFA con una Junta Normalizadora con puros venezolanos… Si Leonardo Padrón se sienta a estudiar esta situación a detalle te saca una serie en Netflix, porque en Sabana Grande se vivió de novela en novela, algunas tragicómicas y otras sórdidas.

Incluso en la llegada del nuevo presidente se dio el contagio masivo de COVID-19 previo a la Copa América de 2021. En ese contexto nació el “Mano, tengo fe”, con un meme de Vin Diesel en su papel de Dominic Toretto en la saga de “Fast & Furious”. Eran los días donde la alegría eran los memes y no los resultados. Ese combinado generó orgullo al ser “una selección de la gente a pie” con el argumento de “le echan bolas”, pero no había una base donde construir, con el camino a Catar hipotecado. Luego llegó la renuncia de José Peseiro y el interinato XL de Leo González. La firma de José Néstor Pekerman parecía la llegada del Mesías, pero Pascual Lezcano fue Judas y puso la ley del silencio. ¿Cuándo iban a llegar las buenas noticias? No parecían cercanas. La opción de darle continuidad de Fernando Batista, un DT sin experiencia en selecciones absolutas o un equipo profesional, era la alternativa continuista. Avalado por su trabajo en categorías formativas en Argentina, campeón del último Preolímpico, y la final en el Maurice Revello de 2022.

La apuesta le ha salido correcta al presidente, que aparece en todas las fotos de celebración con una sonrisa de oreja a oreja. Se recuperó la alegría y hay esas vibras de esperanzas como en el camino a Brasil 2024. Hasta Carlos Mauricio Ramírez regresó con el celebérrimo “¡Toma Papá!” para celebrar los goles. La campaña comunicacional ha sido impecable. Le sacaron el jugo al “Mano, tengo fe” que nació de forma orgánica y se deslastró del lema: “Somos de talla mundial”, que nunca terminó de calar hondo. La Vinotinto TV ha sido otro puntazo comunicacional, apoyado en Televen (un Meridiano TV repotenciado de la mano de María Alexandra Azar) y Venevisión. Incluso las opciones de ByM y Simple TV. Por la radio con FM Center, que cuenta con Ronald Vargas. La Vinotinto está en todos lados, con lo mejor del patio y repatriando legionarios de la comunicación. Casos como Antonella González que un día hace un mano a mano con Lionel Messi y otro está en Maturín. No es una apuesta barata, pero ha sido rentable gracias a los resultados deportivos.

La plaza de Maturín ha respondido. Dos sendos llenazos, cerca del CNAR de Margarita y con un clima que ayuda a sacar ventaja. Todo esto serían letra muerta sin el penal de Salomón, sin la chilena de Bello o las diabluras de Soteldo. Pero más allá de las individualidades hay una idea de juego. Seguridad atrás con jugadores como Wilker Ángel y Rafa Romo, que muy pocos los colocaban en su once ideal en enero de 2023. La pelota quieta dejó de ser una tragedia griega. Se puede jugar en corto y en largo. Referentes como Tomás Rincón entienden el rol de ser suplentes en algunos encuentros.

Rumbo a 2014 se inició también con siete unidades, pero es otro país. Uno polarizado y consumido por la violencia como tema de los debates en las primarias de 2012. Hoy es un país fragmentado. Que pasó por una hiperinflación y que continúa una migración impactante, incluso por sitios dantescos como la selva del Darién. El triunfo ante Chile hubiese significado caravanas en las capitales de los estados, pero hoy la gasolina está escasa. La otra cara de la moneda es que solo un puñado de criollos, que hayan ido con su cupo Cadivi hubiesen gritado los goles en Santiago. Ahora los edificios de la capital austral vibraban con la Vinotinto y no con la Roja. Son otros tiempos, pero la ilusión es la misma.

El efecto multiplicador es tal, que tanto Gerardo Blyde como Adam Celis, en una semana importante en temas políticos por un acuerdo en Barbados, hicieron referencia al triunfo de la Vinotinto, en sus entrevistas con el periodista Roman Lozinski. Una selección de fútbol es parte de la marca país y del orgullo nacional. También sirve para sportswashing, con Catar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita como sus principales exponentes. A todos les conviene el bienestar de la Vinotinto. Empresa privada o empresa pública. Oficialistas u opositores. La Vinotinto siempre fue ese punto de encuentro cuando las familias se separaron por motivos políticos, que no pasaban tan pronunciados con AD y Copei, pero sí fue razón de varias fisuras  en el siglo XXI entre rojos y azules.

Más allá del aumento de cupos, la Vinotinto vuelve a inflar el pecho. Los memes ya no son para reírse de ella, sino con ella. “La victoria no tiene sustituto”, aseveró en su momento César Farías. Pero a nivel de juego da gusto. Hasta Richard Páez lo alabó en redes sociales. La fusión entre la “irreverencia” y el “cuchillo entre los dientes”, que prometió Rafael Dudamel en su presentación, por allá en 2016, la ha logrado “Bocha” Batista, por los momentos. Tampoco hay que irse de olla, porque el camino es muy largo. El margen de crecimiento es grandísimo, pero mientras se sume será más sencillo. Antes a Venezuela no le perdonaban nada -la de Felipe Loyola era gol. Ahora la Vinotinto capitaliza los errores de los adversarios. No se cae ante la adversidad.

Tras años turbulentos, donde parecía que en la absoluta se perdió todo, porque inferiores se logró el subcampeonato del mundo sub-20, solo quedaba la esperanza de un porvenir mejor. La fe como único bombillo que alumbraba. Luego se han hecho una serie de mejoras en lo deportivo y en los institucional para reconectar con la gente. Para sacarle el mayor provecho al jugador venezolano. Aprovechar el marasmo eterno que es Bolivia. El desacierto de Perú al salir de Ricardo Gareca. El atragantamiento de Paraguay y Chile en conseguir un recambio generacional que esté a la altura de sus más recientes camadas de oro. Por eso la hinchada llora de alegría y se queda ronca con los goles de la Vinotinto, porque se volvió una selección de la gente. Para Humberto Turinese es la “Vinotinto del reencuentro”. Pero para todos es una caricia al alma de una población que ha vivido muchos golpes en pocos años.

PD: Como dirían los panas Xavi Devine, Los Cadillacs y Okaa: “Mano, tengo fe. Tengo fe de que se dé”.